La obra en Deredia es apasionada y sin embargo, lo es aún más compasiva.

Su extremo al detalle y al milímetro, el acabado y la perfección buscada, no sacrifica la espiritualidad en su obra, la sensibilidad del movimiento en sus figuras, la estética y armonía de sus esculturas.

En Deredia tenemos a un costarricense inspirador como pocos, amigo y mentor.