Hay perfiles definidos por milenios, y por esto, nada debería extrañarnos definir perfiles de marcas y compañías por decenios. Con frecuencia, la ausencia de consistencia hace que las marcas vayan del tingo al tango sin ton ni son, atendiendo las ideas del gerente de mercadeo de turno o la agencia al bate.

Las marcas requieren de apuestas más duraderas. Basta echarle un vistazo a Marlboro para coincidir, pues nada creativo tienen un vaquero y un caballo para proyectar una personalidad masculina fuerte y decidida, y sin embargo, la consistencia en la ejecución por años la convierten en una marca aspiracional para muchos, pues es un ejemplo a seguir en la consistencia de un perfil a lo largo del tiempo.

El perfil de una marca o su personalidad, aquello por lo que se pone de pie, lo que representa y simboliza, lo que sugiere y detona, todo sumado, concretan un enunciado que debería inscribirse en piedra en los libros de toda compañía, para luego defenderlo contra viento y marea, contra ocurrencias y salidas, improvisaciones y planeamientos.

La consistencia será la que hará el efecto más ambiocioso una realidad, así se busque por un milenio, dos o tres. ¡Cómo hace falta que concidamos en esto! ¡Cuánto por aprender para construir marcas exitosas en base a consistencia!

En la foto, el perfil milenario de Ramsés II en Sakara.