Ella no es solamente producto de su imaginación musical y su fabuloso don, sino también del esfuerzo, la disciplina, el trabajo, la determinación, y por supuesto, el sacrificio, la superación a toda frustración y el fin en su mente por lograr el nivel alcanzado. Sirena Huang hoy es libre de tocar el violín como quiera y se le antoja, porque pagó el precio de esa libertad. (Por cierto, NO se la pierdan por ahí del minuto 9, que sus palabras son sumamente inspiradoras).
Si queremos liberar nuestro talento extraordinario, hay que pagar el precio. No hay almuerzos gratis, no hay viajes regalados.

